El ojo del CEO

¿Ojo en el cielo? No, en realidad estamos hablando del CEO  o Consejero Delegado

Cuando hablamos de una forma particular de ver las cosas o de un determinado punto de vista, ¿a qué nos referimos? Normalmente se entiende como una metáfora de la actitud psicológica general o específica ante una situación determinada.
Pero la elección de la metáfora visual indica que uno relaciona quizá inconscientemente su forma física de ver, que se expresa a través de los hábitos  (y problemas…) visuales, y la actitud psicológica que pone en acción en una situación dada.

Y, de hecho, la investigación moderna sobre la percepción visual llega a afirmar que:

  • La forma (física) de ver de un individuo nos da una indicación de sus actitudes psicológicas.
  • Es posible mejorar la eficacia visual modificando las actitudes psicológicas.
  • También es posible mejorar la respuesta psicológica a las situaciones entrenando gradualmente distintas capacidades visuales.

Como corolario, es posible prevenir una caída de la capacidad de respuesta psicológica identificando a tiempo aquellos procesos que, actuando negativamente sobre los hábitos visuales, acaban condicionando también negativamente la capacidad de respuesta psicológica y, por tanto, la eficacia en el trabajo.
Una respuesta psicológica eficaz, es decir, la capacidad de adoptar fácilmente la actitud adecuada para las distintas situaciones que se presentan durante el trabajo es, evidentemente, un recurso a favor del individuo y a favor de la empresa.

Describamos intuitivamente algunas de estas cualidades visuales/psicológicas necesarias para desempeñar una función directiva.

Las 5 miradas

1) La mirada larga del marinero.

La capacidad de ver a lo lejos con precisión, de captar el movimiento donde aparentemente no ocurre nada, forma parte del patrimonio exigido a toda función directiva, incluso a las que no son de alto nivel. Ejercer constantemente esta capacidad significa también mantener en buena práctica la capacidad de «mirar lejos», estar atento al entorno (empresarial, administrativo, político) que nos rodea, ser capaz de identificar las novedades cuando aún no nos afectan de cerca, ser capaz de cambiar de objetivos teniendo en cuenta la evolución de las tendencias. El directivo es un poco como el capitán de un barco, responsable de su rumbo, capaz de evitar las tormentas y llevarlo a puerto.

2) El ojo meticuloso del restaurador.

Es una mirada analítica, atenta a los detalles, dispuesta a corregirlos con cariño y esmero. Un directivo es capaz de tomar conciencia de la funcionalidad de la parte de la organización que le ha sido confiada, de su estado de salud, de los estados de ánimo de quienes la componen. Esto significa ser capaz de centrarse rápidamente en una persona, en un detalle, en un objetivo…. Y estar dispuesto a hacer correcciones con el mismo espíritu que quien restaura una obra de arte.

3) El ojo rápido del tenista.

Un ojo móvil es necesario en cualquier actividad física, como caminar, trepar, cazar presas. Es necesario un ojo rápido. Y esto se traduce en la capacidad de desplazar rápidamente la atención y la energía hacia lo que es más importante en un momento dado, adaptándose sin esfuerzo a los cambios de perspectiva. Un buen directivo es capaz de hacer que su organización sea ágil y adaptable, de cambiar los objetivos y los módulos organizativos superando ágilmente los momentos de tensión, de aprovechar las oportunidades al instante, de actuar con decisión en el momento preciso…

4) La visión global del director de peliculas

Si bien es importante saber centrar la atención y la energía en un punto, una persona, un objetivo, también es necesario no perder la visión global, la compleja interacción de todas las partes que componen un sistema. Un gestor también debe tener en cuenta los diferentes valores e intereses sociales o económicos o político-administrativos. Hay que tener amplitud de miras, no mirar con anteojeras, sino mantener una visión ampliada a 120º o más (visión periférica). Esto sigue siendo válido incluso para los directivos que no son del más alto nivel: al igual que un director, deben ser capaces de vigilar a su troupe en su conjunto, asegurándose de que en todo momento todos desempeñan su papel en el equipo.

5) La visión tridimensional del guía de montaña.

El guía de montaña es especialmente capaz de utilizar sus DOS ojos en sincronía, en estereopsia: esto le permite realizar tareas visuales de mayor complejidad, que requieren en particular una coordinación eficaz de los hemisferios cerebrales. Saber valorar el volumen, es decir, el grosor de las cosas significa valorar tanto su tamaño como su importancia. Del mismo modo que saber evaluar correctamente las distancias permite planificar eficazmente las decisiones y actuar a tiempo.
Del mismo modo, la capacidad de evaluar velocidades relativas nos permite, al frente de una empresa o departamento, valorar si un fenómeno determinado se desarrolla a una velocidad y en una dirección que interferirá con nuestros planes o si no se cruzará en nuestro camino.

Piensa en la educación visual como una escuela para directivos del más alto nivel (CEO).

Normalmente, un directivo posee estas cualidades. Y con la misma normalidad, la actividad que se le exige le permite mantenerlas en práctica.

Sin embargo, es posible que algunas de estas aptitudes queden relegadas a un segundo plano, y que otras se sobre-exijan incluso durante largos periodos. O que no se tengan en cuenta en un plano visual. Y esto acaba afectando también al aspecto mental.
Esto a veces conduce a un agotamiento de los recursos, a un aumento de los niveles de estrés y a una disminución de la eficacia.

En este caso, es posible intervenir precisamente centrando la atención en el dato visual: al descongestionar los hábitos y modos visuales sobrecargados, se reequilibran también los aspectos de recursos psicológicos vinculados a ellos.
Re estimulando aquellas actitudes y modos que actualmente no se utilizan, además de reequilibrar la eficacia de la actividad, se contribuye a mejorar la autopercepción y la confianza en uno mismo y en los propios recursos.

…. o para ser director de tu vida

Pero incluso si no estamos implicados en la gestión de una empresa necesitamos ver con claridad, y de todas las formas que hemos descrito para poder ser responsables de nosotros mismos y no dejarnos abrumar por impulsos que van en contra de nuestros intereses.

El curso de formación para educadores visuales responde a estas necesidades equilibrando estos recursos tanto a nivel físico, mejorando la visión, como a nivel más profundo, mejorando la VISIÓN.